La razonable sospecha de los brazos caídos

Cuando entrenaba Pepe Mel en su última época, dos futbolistas de peso en el vestuario, Antonio Adán y Joaquín Sánchez, subieron al despacho de Macià para decirle que en los entrenamientos “nos estamos tocando los huevos”.

José Joaquín Solís

Así fue exactamente cómo lo contó el periodista Nacho Vento, en directo, durante un programa deportivo en una televisión local. Habiendo hecho esto los jugadores para bien, la cruz de la moneda deja entrever que no es el entrenador de turno quien impone respeto, ni mucho menos, cuando a los jugadores algo no les gusta. Y no es sólo en lo que concierne al entrenador.

La rumorología disparada por las redes sobre la falta de acuerdo en determinadas primas no deja de ser una parte del problema, caso que sea cierto, lo cual es dudoso; el resto es que no hay entrenador que pueda con lo que en otra empresa podría denominarse una presunta huelga de brazos caídos encubierta, por el hecho de que sus trabajadores no estén conformes con lo que les pasa. La actitud pusilánime de Setién (sí, más que la de Mel) ayuda, porque si bien es cierto que esta plantilla tiene una defensa incompatible con jugar como el entrenador pide, por calidad principalmente, tampoco es normal haber visto una actitud tan poquito competitiva en los terrenos de juego durante los últimos partidos.

Actúan contra lo que no les gusta. Además, en razón al convenio que existe con los entrenadores, si se les despide hay que pagarles hasta el último duro. La tormenta perfecta. Pero, como el propio entrenador ha dicho, “al que venga va a pasarle lo mismo”, en un claro tono de que, lo que pasa, no es con él. Y en el fondo, tampoco con las primas.

El Consejo (Serra entre ellos) sabe lo que ocurre en el vestuario y lo quieren arreglar, conste esto, porque la preocupación es la misma que la de cualquiera que no ve desde fuera este tipo de cosas. Pero, quizá, muy al margen de lo que se arregle con parches, es posible que al final de temporada veamos transferible a algún que otro jugador emblemático que sorprenda a (casi) todos. En cuanto a las renovaciones, de momento, alguna esperada está en Stand By.

Rafael Gordillo por lo menos supo estar en lo políticamente correcto, siempre, para al final ocupar un puesto en el Betis, como el actual o el que le pongan, porque en el Betis está. Otros valen más para El Hormiguero. Y alguno por su falta de gracia, ni eso. Al tiempo.

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