Mala praxis, Galera

De las artes practicadas para adquirir acciones y, además, combinarlas con recursos e impugnaciones en los juzgados.

José Joaquín Solís.

Dijo Bosch en su día que el peñismo está en decadencia. Las asociaciones sin ánimo de lucro, como tales, van en contra del sentimiento egoísta humano, que siempre quiere ganar algo, ya sea material o por reconocimiento de la labor ejercida. Cuando, además, nos referimos a los equipos de fútbol, la situación es si cabe, peor, en tanto que pensamos que estamos muy unidos todos viendo a solas o en un bar cualquiera el partido de turno a la vez que usamos las redes sociales para contarles a todos lo que pensamos.

Pocas peñas están tan bien llevadas como la de Benito Villamarín de Marchena. Lejos quedó aquella imagen que presencié de un ex presidente que tuvo que marcharse abochornado en una asamblea tras que le pintaron la cara por determinadas gestiones económicas que quedaron bajo sospecha, así como recibos, fotocopias de cheques devueltos y otras majadas que evidenciaron un necesario cambio tras un ciclo demasiado largo en el que quedó claro que, cuando tu intención es perpetuarte, acabas haciendo lo que te da la gana pensando en una supuesta impunidad. Sin embargo, los tiempos cambian y perdonan poco, a razón de que, por mucho que ingenies y hagas cosas creativas y bonitas, son cada vez menos los socios, más mayores, menos activos. Por si fuera poco, el horario de los partidos no ayuda precisamente a que los autobuses se llenen, más bien al revés.

Este cúmulo de obstáculos hace que la caja de la peña más fuerte del mundo esté en crisis. La de Marchena no es una excepción. Los compradores de acciones en esta época de nueva guerra por el poder, que va a durar lo justito, son muy conscientes del tema. De cómo lleves el asunto de la ética es como actuarás en consecuencia a la hora de comprar y, por su puesto, de cómo vas a quedar ante todos con tal de tener una cuota de poder, a costa de lo que sea.

Hugo Galera tiene perdida la batalla accionarial en lo que a compras se refiere. Quiere, además, ganar a base de comprar acciones a menor coste que las de la partida de las caras sin mancharse con las de 120 euros. Sí, al estilo de como lo ha hecho Castaño en estos años atrás, pretende comprar acciones de 92. En esta ocasión,  a precio mucho más caro que los 60 euritos de entonces, pero más baratas que las de  476  que supone ahora la partida actual. Así pues, con Marchena  dan dinero a la peña para que compren 260  acciones actuales, las cuales no podrán vender si no es en pequeños paquetes  a compradores de menos de 20, a cambio de adquirir las que compraron en el 92, por alrededor, se estima,  de 360 euros cada una más los gastos Notariales. La jugada, completamente legal, es de un nivel de codicia sólo equiparable a la de su tan odiado enemigo estos años atrás, si bien, caso que lo hubiese hecho el del Fontanal una sola vez, habría quedado colgado por sus vergüenzas en cualquiera de los hongos de la Plaza de La Encarnación. Todo para adquirir un 0,2% y recortar una distancia muy lejana con Haro y Catalán.

Pero, a sabiendas de semejante distancia, ¿por qué lo hace? Las acciones del 92 pueden comprarse y venderse cuando se quiera, pero, además, nunca quedarían afectadas para el caso de que prosperase un recurso que tienen pensado presentar contra el pacto firmado con Lopera, así como una impugnación a la asamblea que ratificó dicho acto. Sí, no contentos con no aparecer para que no hubiese quórum, quieren llevarse por delante la comparecencia de los accionistas que dieron su visto bueno a una paz que se pretende duradera. Todo ello sin olvidar los intentos que hubo, previos a la asamblea, de que no se personasen accionistas para ganar su partida con las artes propias de un codicioso bajo sospecha.  Nadie discute que el pacto podría haber sido mejor o podría haber sido ninguno, pero, si de verdad la lucha en favor de la justicia tenía como acompañantes gente así, mejor que los tiesos de PNB fuésemos solitos antes que gritar aquello de “cuerpo a tierra que vienen los nuestros”.

El Betis de los béticos para PNB ha sido un lema. Para otros, una frase oportunista a la que arrimarse escondiendo otra piel que ahora estamos viendo: la del Betis en manos de cuatro, o cinco. De las acciones de Haro y Catalán uno puede estar tranquilo porque con ellas se ejerce un mandato pero, que alguien me diga qué se puede hacer con un importante paquete que sólo te sirve para dar por saco si no es venderlo con el paso del tiempo a quién sabe quién o quiénes, para el caso de que el aburrimiento por no mandar conlleve a la frustración.

 

¿Son éstas sus artes? ¿Son éstas sus formas de querer llegar al Betis y al beticismo?

 

Mala praxis, señor Galera.

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